VECINAS

Un proyecto de Histeria Kolektiboa, Pikara Magazine & Zuriñe Burgoa

La txispa de Bego

La txispa de Bego


Hablamos con Bego, conocida como La Txispas, sobre cómo ha cambiado el barrio bilbaíno de San Francisco en los últimos años. Inquieta por naturaleza y muy cañera, Bego nos ofrece su mirada feminista sobre este barrio en el que caben muchos, pero no cabemos todas.
Ella, quién si no Bego, nos lleva a conocer a Marta, la discreta

Marta, la discreta

Marta, la discreta


Recordamos con Marta, a sus 85 años, cómo fue ejercer la prostitución en Las Cortes, la calle de Bilbao más conocida como La Palanca, en la que las luces de neón siguen brillando, pero, ahora, sin tanta fuerza.

Lo que enseñan las calles y Mertxe

Lo que enseñan las calles y Mertxe


La salud de Marta, la discreta, es tan frágil como su memoria. Recuerda retazos de su vida y duda de algunos de ellos, pero es sorprendente cómo hila algunos detalles y cómo no titubea al dar algunos nombres: “Había una mujer, Mertxe, que nos invitaba a bajar a un local que tenían en Bailén a charlas. Luego, nos daba condones que repartíamos entre las compañeras”

Los mundos de Khaira

Los mundos de Khaira

No te lo pierdas: Ellas, en trasvase fotográfico y de memoria de lo privado a lo público, de lo individual a lo colectivo.

Quiero contar

Quiero contar que en este barrio vivimos con dificultades, sin lograr una convivencia real, pero que resistimos ante la violencia institucional y policial que nos limita a todas; que mi vecina canta por las mañanas y mira mal a los moros de nuestro portal; que M. engancha del pescuezo a los chavales que intentan robar; que en El Chicote los botellines cuestan un euro y en el Berebar se come de lujo; que el vino dulce de el gallego es un vício y que me encantan los pelos morados de la madre de A.; que las gitanas de la plaza me vacilan desde que bailé con ellas en una fiesta de pijamas; que a veces voy al Bihotz porque ponen buena música y buena cerveza, pero que siempre me enfado con los precios; que la gente de Solidaridad Internacional tiene amplis que nos suelen dejar para fiestas; que en Médicos del Mundo trabaja P.; que en Las Cortes hay una pollería a la que nunca voy porque soy vegetariana; que me robaron un móvil que nunca recuperé mientras escuchaba música; que la policía se maneja demasiado bien en la violencia; que los puerros de Ultramarinos Romaña están de muerte;

Quiero contar-te

que P. lleva piezas al chatarrero, pero nunca le dan más de un euro; que las mejores palmeras de Bilbo se venden al lado de la redacción de Pikara, que antes era un sexshop; que cerca tenemos una tienda de alfombras pijas; que siempre me compro algo en el Mercadillo y que en el Kremlin no dejan de programar actividades; que hay gente muy lista en el barrio haciendo cosas con nombres en inglés; una vez al año tenemos la Gau Irekia; que Arroces del Mundo es todo un acontecimiento y tengo fichados todos los bares que no hacen huelga; que, en mi barrio, nada es fácil y todo es extraordinario; que aquí me he enamorado y desenamorado, que el hermano del frutero lee a Foucault entre zanahorias y que, a pesar de los años, S. sigue sin fiarse de mí y me persigue por los pasillos de su tienda; que las aceitunas de la tienda de debajo de casa deberían estar prohibidas, pero no tan prohibidas como el café de El Nervión; que el cuscús de Marhaba es el más rico; que yo creía que la msemen de queso y miel de debajo de mi casa podría despertar a un muerto, pero tengo que asumir que nadie ha vuelto del más allá desde que lo descubrí.