“Vas a bares de tíos y ves en el mismo espacio a los de 20, 30 o 50 tacos… En cambio a mi edad, con 53, resulta casi imposible encontrar sitios para lesbianas”. Rosa es crítica con la carencia de locales en los que “poder encontrar a alguien que hable tu mismo idioma, que entienda tu situación”, y apunta a un problema: “Es como si a partir de los 40 las mujeres desapareciésemos de la noche”.

En la barra del Smoke, Rosa conversa con Helle, una mujer noruega de su quinta que viene a España por vacaciones. Oslo y Madrid sobre la mesa, se retrotraen 25 años atrás para acentuar la libertad que no vivieron en la adolescencia, “por los muros que en realidad yo misma me construía, por ese miedo absurdo de sentir lo que naturalmente soy”, explica la madrileña. “Por suerte son unos miedos que nos ayudaron a superar otros muros, estos puede que más reales y en otras parcelas de la vida”, matiza la noruega.

La situación a día de hoy, con el salto generacional que se da para las lesbianas mayores en el mundo de la noche y del ocio en general, no pinta mejor a pesar de las libertades que señalan. “En Oslo teníamos un local en el que sabías que podías encontrarte a alguien, formar tu segundo hogar, y ahora ese sitio es internet, un lugar donde no sé si quiero ser visible”, analiza Helle. “Es cierto que ahora las lesbianas estamos en casi cualquier espacio, pero no todos los espacios son para nosotras… Hay pocas personas de mi edad y las de 50 nos sentimos desubicadas”.

Comenta jocosamente Rosa que tal vez no sean “las típicas” mujeres de 50 años, “casadas, con hijos y en casa”, y pregunta en alto: “¿Qué es lo que hace una lesbiana de nuestra edad?”, mientras se encoge de hombros.  Helle tiene clara la respuesta, analizando su recorrido vital, tras asumir su homosexualidad a los 30 y después de haber estado casada y haber concebido un hijo: “Tengas 50, 80 o 25 mi consejo es que hagas lo que te de la jodida gana. Esta lucha es solo tuya”.