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14 noviembre, 2016

Mili Hernández, la librerilla de Chueca

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“Lo primero fue el activismo”, sentencia Mili Hernández. Relatar la historia de la impulsora de la primera librería LGTB en España requiere una lectura con saltos temporales y geográficos. Ayudó al tránsito de los locales con timbres, de las manifestaciones con pancartas de mano para taparse la cara, a ubicar en el mapa la cartografía LGTB del madrileño barrio de Chueca.

“Mis libros fueron una necesidad para mucha gente, y aún hoy lo son. ¡Cuántas mujeres han compartido conmigo que aprendieron a amar con mi colección de novela romántica!”. Mili también necesitó el apoyo de la literatura, y la fuga de una España que aún se sacudía la caspa, para aprender a reconocer en el espejo a la lesbiana que era. “En el año 1977 no existía ni esa palabra en el imaginario común, fue al irme a Inglaterra y conocer por fin la acepción. Allí había bares de lesbianas, sitios de encuentro y… una librería LGTB. Con aquellas novelas románticas lésbicas no sólo aprendí inglés, aprendí a amar, lo mismo que me relataron mis clientas años después”.

Tras una construcción “como lesbiana y como feminista” Mili volvió a España en el año 1979. Como las circunstancias parecían haberse congelado a pesar del avance de la Transición y ella tenía que completar su propia esencia, hizo las maletas para Estados Unidos. “Mientras un compañero de exilio y yo escuchábamos que en España se había abierto un centro gay, que en realidad eran dos oficinas en la calle Carretas, en Nueva York el centro gay era un colegio entero cuyas paredes estaban pintadas por Keith Haring”. Allí estaban todas las asociaciones, que incluían a movimientos diversos . De lesbianas, por ejemplo, estaban las latinas, las solteras… “Aunque debo decir que no me daban derecho a voto por venir de un país que consideraban opresor como era la España de aquella época”.

Allí, y aquí, Mili nunca conoció el armario, “pues construí mi identidad de lesbiana de una manera muy poderosa y siempre sin esconderme, por eso me decidí a dejar mi trabajo en una agencia de viajes y embarcarme en la primera librería gay de España”.


Nace Berkana, renace Chueca

En 1993 Mili vuelve a España con la idea de crear una librería gay: “En el extranjero, los libros me salvaron la vida”. Al principio, “con los libros de canto en el escaparate, porque solo había alguna obra de sellos como Anagrama, Laertes o Rey de Bastos, así que traía mucha novela inglesa y fotografía erótica, además de banderas y camisetas con los colores de la diversidad”. Berkana fue uno de los primeros establecimientos de día de Chueca que hizo la cultura LGTB accesible, porque hasta ese momento no había nada parecido ni existían los catálogos por internet.

Berkana comenzó en la plaza de Chueca, en la que sólo había saunas y locales que requerían tocar un timbre para acceder. “El resto de emprendedores vieron que nadie nos rompía el escaparate ni había muestras de rechazo, así que poco a poco emergieron más negocios de día como restaurantes y cafeterías: El Armario, Café XXX, La Sastrería…”.

Las circunstancias podrían haber sido otras porque el barrio de Chueca estaba degradado en lo inmobiliario y vacío en la ocupación de locales. “Así fue sencillo montar un barrio gay, lo reconstruimos y le dimos una identidad propia”. Esa identidad pasaba por un necesario activismo, como la propia Mili reconoce: “No podía desligar Berkana de mi vida militante. Que había que pintar una pancarta…, que la prensa quería alguna valoración del colectivo LGTB,… ¡Si hasta el propio Ayuntamiento derivaba a gente a la librería para informarse! Me enorgullezco de haber creado en Berkana un nexo de unión para mucha gente consigo misma y con el activismo”. En el año 2000 tuvo que limitar esta militancia, que la llevó a ser presidenta de la FELGTB y portavoz de la junta de COGAM, precisamente para dedicarse a la librería y la editorial Egales.



La reapropiación LGTB del mapa

El activismo tomó las calles al tiempo que las calles de Chueca tomaron el apellido de barrio gay. Fue en 1993 cuando 20 negocios del barrio, entre ellos notablemente Berkana, elaboraron el primer ‘mapa gay’, que sería objeto de estudio en la Facultad de Geografía e Historia de la Complutense de Madrid. Año tras año, la iniciativa fue cuajando hasta que el imaginario común incorporó Chueca a un espacio de diversidad sexual, como ocurría en muchas otras ciudades del mundo. “Hicimos el mapa porque constatamos que nos habíamos convertido en puntos de información para todo el mundo; era necesario tener una hoja de ruta y reapropiarse de las calles”. El mapa tuvo su última edición en 2010, cuando se masificaron las guías de ocio gay.

Para Mili es aún más significativo ocupar espacios ya que pegando carteles fue cuando conoció a su pareja, hace 23 años. “Ahora esas calles están mercantilizadas y hay una asociación de empresarios de la noche gay que se están forrando”. También critica al activismo asociativo que nació en esas pegadas de carteles: “La realidad es que la mayoría de personas LGTB no militan en ningún colectivo, el activismo estuvo mucho tiempo debatiendo si decíamos sí al outing o al matrimonio… Así, con peleas internas, es difícil que alguien se identifique. Es duro decirlo, pero Berkana en sus inicios acogió a más personas LGTB y a sus familias que el propio COGAM, incluso llegó a ser el primer espacio de diversidad sexual que pisaban”.

Berkana, crónica de una supervivencia anunciada

La existencia de Berkana está íntimamente ligada al activismo, la visibilidad y la asunción de derechos de personas LGTB: “En los primeros años la clientela eran académicos que compraban libros en el extranjero, el resto de lectores estaban en el armario”.

Mili asume que el futuro de la librería depende de su resistencia. “Hablar de Berkana es repetir el mismo discurso desde hace unos años: nos está minando la piratería, la crisis, la falta de hábito lector y un cambio en los propios ámbitos culturales”. En los primeros años de crisis esperaban una bajada del 40 por ciento que arrolló siendo del 70 por ciento. “Llevamos cuatro años metiéndole créditos y ya no se me ocurren más ideas: llegamos a distribuir 10.000 catálogos postales dos veces al año, podemos enviar hasta China, hacemos actividades y presentaciones, tuvimos café, llevamos 20 años yendo a las ferias del libro en España y ahora en el extranjero, acudimos a congresos, fuimos de las primeras en tener catálogo digital y libro electrónico… Ya lo hemos hecho todo y se me está acabando el plazo que nos habíamos puesto. En Estados Unidos sólo queda una librería gay y la de Londres estuvo a punto de cerrar y tuvo que ser rescatada por los propios escritores”.

¿Qué significaría el cierre de Berkana? “Que la cultura LGTB se vaya a la mierda”, sentencia Mili. “Han surgido proyectos nuevos como Dos bigotes que necesitan posicionarse. ¿Cómo va a saberse el tipo de literatura que nos representa si hasta luchar por secciones, nodos o etiquetas en grandes superficies es complicadísimo?” Y no sólo señala a lectores como principales afectados, “esto arrastraría también a creadores LGTB y a editoriales como la nuestra”. Acusa al conservadurismo de este olvido de lo LGTB y los estudios de género, porque, indica, “esas grandes empresas de compra tienen absolutamente todo catalogado… Menos lo relacionado con diversidad sexual. En las ferias del libro a las que hemos ido tampoco hemos encontrado una casilla de referencia para categorizarnos como librería especializada”.

La primera librería LGTB dio a luz a la primera editorial dedicada a publicar todo tipo de géneros literarios de temática relacionada con la diversidad sexual. En 1995, Cómplices era otro punto de referencia en el mapa de Barcelona y, con Berkana como socias, crearon la editorial Egales. “Nos dimos cuenta de que la gente buscaba novela moderna, finales felices… Hemos hecho una editorial a medida de la demanda”. A demanda significó publicar novela romántica en dos líneas: una para hombres y otra para mujeres. “Aunque también incluimos colección de ensayo, que es menos vendida, tuvimos que soportar críticas por parte de muchas feministas, porque decían que nuestra colección de novela romántica perpetuaba concepciones normativas. ¿Es que no es lícito que pueda ser un recurso para personas que necesitan referentes? Hemos hecho mucha labor pedagógica, porque a través de la cultura se reconstruyen muchas autoestimas destrozadas. Además puede que a partir de ahí se enganchen a otro tipo de literatura; con la editorial también hemos cultivado mucha afición a la lectura”.

“Todo esto”, concluye con el último sorbo de té, “es lo que hace difícil emocionalmente cerrar, y a veces pienso que ojalá alguien cogiese la librería y que todo esta labor continúe”…