Los mundos de Khaira

Khaira habla con pasión de la escuela en la que estudian sus dos hijos. El Colegio Público de Miribilla, el que corresponde a los y las vecinas de San Francisco, sufre el mismo abandono que el resto del barrio. Mientras en el patio no empiecen a hacerse festivales de música moderna es probable que sigan conviviendo con las goteras. Las instituciones públicas ignoran las necesidades de los niños y las niñas que viven, crecen y sueñan en el corazón, herido, de Bilbao. Khaira forma parte de la asociación de madres y padres del colegio, una organización intercultural, formada principalmente por mujeres, que se enfrentan con firmeza y de cara no sólo a las instituciones sino también a la propia dirección del centro: “El colegio se nos cae a cachos. Nos están vacilando con pequeños parches”. Los culpables del desamparo no deben saber a quién se enfrentan. Los recursos, la calle, el desparpajo y la valentía de Khaira son solo algunas de las herramientas con las que se enfrenta a su objetivo: una escuela digna para su barrio.

Kahira creció en estas calles cuando todavía se llamaba Amalur. Al convertirse al Islam modificó socialmente su nombre. Ahora, convive con los dos, con la ‘pañuelofobia’ que denuncia y la sensación de no encajar en ningún sitio. 

Próximamente, su historia.